En esta nueva sección, en la que buscamos reconocer la trayectoria de grandes transportistas, comenzamos con un empresario que no solo es dueño de Nueva Andimar, sino que también tiene muchas historias de éxito y fracaso. Además, lo encontramos en el preciso instante en que se prepara para jubilar.

Alberto Muñoz fue orgullosamente micrero y los últimos años ha destacado en el transporte interprovincial. Salvo momentos puntuales, ha “bailado con la linda” y alcanzado un rotundo éxito en su vida empresarial. Por ello, para Revista T, cumple con los requisitos para ser investido como “Prócer del Transporte”.

¿Ha sido muy distinto trabajar con las micros y los buses interprovinciales?

Cada negocio tiene sus particularidades, pero en todos los casos me he propuesto ser el mejor y estar siempre innovando; ofreciendo un servicio de calidad al pasajero, que al final es lo más importante. Cuando tenía el recorrido 136 Las Industrias-Renca fui el primero en tener vehículos con aire acondicionado. También tuve una flota a gas. Y cuando partí con Nueva Andimar puse buses de dos pisos en trayectos cortos, y todo el mundo me trataba de loco. Ahora es lo mas normal y estoy contento por eso, porque muchos me copiaron y lo han hecho bien, y eso mejora la industria.

-Pero también le ha tocado “bailar con la fea”.

Claro, varias veces me he caído, pero como Bruce Willis, soy duro de matar.

La vez que más me marcó fue cuando estaba postulando al TranSantiago. Cumplía con todos los requisitos, pero un error del abogado me dejó fuera de la licitación. Me acuerdo que estaba sentando en una estación del Metro, porque me informaron en el Diego Portales que no había quedado seleccionado, y me puse a pensar ¿qué voy a hacer?, ¿cómo iba a fallarle a todas las familias que trabajaban conmigo? No me eché a morir y, una vez más, me la jugué por los buses interprovinciales y me quedé en el gremio.

Hablando de eso, ¿cómo ve a la industria y a sus pares?

Soy bien crítico del gremio. Hay gente que se ha preocupado de hacer bien las cosas, pero también hay muchos que solo se miran el ombligo. Es un rubro muy egoísta y desunido, donde cuesta trabajar en conjunto para alcanzar grandes logros para la industria. Que todos valoren tener buses de calidad, un buen servicio y terminales acordes a lo que necesita la gente.

Yo digo, así como pasó con el TranSantiago, no vaya a aparecer un TranChile y liciten los viajes interurbanos, porque hemos sido incapaces de trabajar unidos.

Es importante tener competencia, pero en la calidad del servicio, no en las tarifas que, al final, es dispararse en los pies. Siento que falta más lealtad. Pero hay de todo.

¿Y la razón del éxito, ese factor diferenciador, en qué lo radica?

En tener lo mejor en cada aspecto. Buenos buses, que sean cómodos y seguros. Que el cliente se sienta satisfecho por el servicio que le entregas. Aquí entra el factor de tus colaboradores. Por un lado, que atiendan bien a la gente, que estén ordenados, que sean amables, porque eso marca una gran diferencia. Lo otro es que les cumplas en sus contratos, sus horas de descanso. Yo le digo a mi gente, “siéntete orgulloso de la pega que haces; trae a tu hijo y muéstrale el bus lindo que conduces, porque te luces con tu trabajo”. Por último, como me te comentaba, no tener miedo a innovar y mejorar. Si hace diez años los buses que iban a Rancagua no tenían ni aire acondicionado.  

Jubilarse

¿Y en que etapa de su vida se encuentra?

Quiero jubilarme. Retirarme cuando estoy en la cima. Suena orgulloso, pero es verdad, porque me siento una persona exitosa en lo que hago. Pero estoy cansado.

Estamos en un proceso de cambio, buscando unos aliados para poder descansar. Me saco el sombrero por esos transportistas que están hasta que se mueren en sus empresas, pero yo quiero disfrutar de lo que he logrado cimentar en todos estos años. Viajar, estar con mi familia. En eso estamos trabajando, porque esta pega es muy absorbente, tienes que estar 24/7 y quiero algo más calmado.

¿Y va a tener nostalgia cuando vea sus buses en la carretera?

No, si toda mi vida he sido comerciante y no te puedes amarrar a esos sentimentalismos. Siempre he trabajado para tener un buen pasar en la vida y lo he logrado, con altos y bajos. Lo que sí,  voy a echar de menos a la gente. Se generan lazos muy fuertes con quienes trabajan contigo.

El otro día tuvimos una conversación con un grupo de conductores y me decían que todavía se acordaban del discurso que les di cuando empezamos esta empresa y cómo lo llevan internalizado todavía. Si casi la mitad se pone a llorar.

Eso me enorgullece también, porque significa que han entendido que todos los logros son el resultado del aporte de cada uno de los que trabaja en esta compañía.

Pero ya estoy cansado y quiero disfrutar de lo que he construido.