Volvió luego de cuatro años, pero ahora empoderada como Ministra de Transportes y Telecomunicaciones. Se define como práctica, pero que ha aprendido a moverse entre las líneas más difusas de la política. Sobre el TranSantiago, los gremios, logística, seguridad vial y el rol de la tecnología en el futuro de la industria habló, en exclusiva, Gloria Hutt con Revista T.

Sergio Molleda B.

“A las personas no les gusta la incertidumbre, que los tramiten infinitamente. Prefiero trabajar en lo que podemos resolver rápido”.

TranSantiago

“Habrá un desfase temporal, porque los buses se van licitar igual y serán necesarios. Los fabricantes van a vender el mismo número. Eso no va a cambiar”.

Futuro

“Uno ve los índices de desempeño logístico y hay un rezago de inversión, infraestructura y también en tecnología”.

RECUADRO (poner fotos TranSantiago, Puerto San Antonio y Transbordador Austral)

Los temas de su agenda personal

“En general los sistema de transporte público. TranSantiago, desde luego, y también en regiones hay muchos perímetros de exclusión que están a medio andar y me gustaría cerrarlos rápido”.

“Después me parece importante abordar la capacidad portuaria en la Quinta Región con su acompañamiento de accesos. Eso es un tema muy central porque la inversión es de largo plazo y si las decisiones no se toman pronto, podemos tener un riesgo de congestión tanto portuaria como vial. Además puede afectar la competitividad”.

“Además, porque me gusta a mí pero es muy importante, mejorar la conectividad austral marítima. Creo que vale más la pena invertir en una súper red de transbordadores que seguir abriendo caminos con una dificultad gigante en la Carretera Austral. Hay que hacer caminos interiores, pero la conectividad puede mejorar mucho por la vía marítima”

Volvió a la misma oficina donde se desempeñó como subsecretaria de Transportes en el primer gobierno del Presidente Sebastián Piñera. Fue su primera resolución. Cambiar las tradicionales dependencias del ministro de la cartera al cuarto piso del edificio de Amunátegui 139. No fue porque extrañara su antiguo escritorio. “Ahora estoy entre ambas subsecretarías y quería tenerlas a la misma distancia, al alcance de la mano”, argumenta dejando en claro que lo suyo no son los sentimentalismos, sino lo práctico.

Se sentó en la misma silla que dejó hace cuatro años ¿qué pensó en su último día, al salir, y ahora cuando vuelve pero como Ministra de Transportes?

-La verdad, cuando me fui en marzo de 2014 mi pensamiento central fue que iba a descansar, porque fue muy intenso el Gobierno. También una sensación de que valió la pena dedicar cuatro años de mi vida literalmente a objetivos que tienen que ver con mejoras que afectan a mucha gente y eso yo creo que genera un compromiso muy fuerte. La pregunta que te surge cuando te vas es si realmente se hizo todo lo que se podía y repasas las cosas que podrías haber avanzado más.

¿Qué le quedó pendiente?

-Nosotros partimos un proceso bien profundo de transformación del ministerio para recuperar su rol planificador. Siempre miro el mundo desarrollado y allá las áreas de transportes son los que dicen dónde es necesaria mayor capacidad, cuándo y de qué características y luego las oficinas de infraestructura, equivalentes a Obras Públicas, toman los proyectos, los desarrollan, controlan y concesionan.

Ese rol planificador del ministerio me habría gustado profundizarlo más. Estuvimos dos años en un proyecto de reorganización pero quedaron cosas pendientes.

¿Ahora retomó la carpeta que dejó guardada?

-Ahora vamos de nuevo por eso, aunque tengo varios desafíos que no son una lista priorizada sino como una columna en paralelo.  Están la licitación del TranSantiago y de los puertos, sistemas ferroviarios, mejoras al interior del ministerio, los servicios tecnológicos, sistemas de pago en transporte y sistemas de información a los usuarios. Las nueva tecnologías son un tema que me preocupa muchísimo. Y en Telecomunicaciones, más competencia y más cobertura.

Así que hay harta pega. No tengo donde aburrirme.

Cercana a los gremios

Su alto conocimiento técnico y experiencia en el rubro del transporte le generó mucho respeto en la industria en su gestión pasada y es un comodín que aún posee.

¿Siente que cuando llegó el 2010 le faltó más preparación política y que en estos años ha ganado en esa faceta menos práctica?

– Siempre me mueve mucho el tema de la soluciones técnicas, pero también en estos cuatro años me hice parte de Evopoli, ayude a formar el partido, fui administradora general de fondos del partido y estuve muy involucrada en la campaña del Presidente Piñera; con eso me metí mucho más al mundo de la política que lo que había estado en toda la vida.

Uno aprende, por ejemplo, en el trabajo con el parlamento cuando defiende proyectos de ley o justifica iniciativas que quiere llevar adelante. Aunque el rol de subsecretaria tiene un componente técnico y como ministro la transacción política es mucho más fuerte.

A  mí me mueve el sentido del deber y si el cargo viene con el tema político lo voy a hacer. Igual que la exposición publica que no es lo que más me gustaría, pero siento que es parte de la obligación del trabajo que tengo ahora.

Al menos los gremios del transporte la estiman y respetan y esa es una ventaja que no tuvieron varios de sus predecesores.

-Sí, me han tratado muy bien. Yo creo que es fruto del trabajo mutuo, del contacto personal. Creo mucho en eso, en las conversaciones, en resolver los problemas hablando, desde la familia hasta el trabajo.

Cuando uno es capaz de detectar que todos se están moviendo por objetivos que compartimos se hace bastante más fácil. Quizás las formas cambian y entre ellos existan diferencias. Es un poco como el tema político, cuando uno detecta que estamos empujando todos el mismo carro, las diferencias políticas tienden a mitigarse y se puede lograr acuerdo.

En el caso de los gremios hubo una comprensión a nivel personal, pero también mucho tiempo invertido en entendernos y creo que eso produce el tipo de relación que mantengo hasta el día de hoy que me saludan con un cariño tremendo y yo también se los tengo.

¿Cómo ha sido el reencuentro con ellos, ahora como ministra?

-Con los gremios ya he tenido muchas reuniones, incluso apenas me designaron. Han sido muy buenas y en el mismo tono que siempre hemos tenido. Me ayuda el haber dedicado mucho tiempo a conversar.

Ahora, todos llevan su lista de supermercado y algunas cosas se podrán hacer y otras no. Pero si siento que algo tiene pocas posibilidad, lo digo de inmediato. A las personas no les gusta la incertidumbre, que lo tramiten infinitamente. Prefiero trabajar en lo que podemos resolver rápido. Eso ayuda a que podamos avanzar y se refuercen las confianzas.

Golpe a la mesa

El arribo de Gloria Hutt no fue placentero. No había aún asumido cuando aparecieron en el horizonte las dificultades para llevar adelante la licitación del TranSantiago.

Sorprendió a todos con la anulación del proceso ¿le costó tomar la decisión?

-En los últimos cuatro años se generó una sensación de falta de decisiones rápidas y jugadas. Esto es más político, pero tiene que ver con la gestión.

Me enfrente a un escenario que me dejaba muy pocos caminos razonables para avanzar y abría la puerta para incorporar cambios que creo son fundamentales para mejorar el sistema. Así que, realmente, no tuve dudas porque las alternativas reales eran muy pocas.

Nuestro objetivo es reducir los plazos de las concesiones porque diez años es mucho para ciudades muy dinámicas. Lo otro es separar los contratos de operación del activo y que exista un ente que provea los buses al sistema, a unidades más pequeñas. Así es más fácil reemplazar a un operador que no cumple y no hay nada más mágico que la competencia para eso ocurra.

Esto se da en muchos países de Europa, donde este ente proveedor de buses está obligado garantizar la disponibilidad de los vehículos y se financia con los fondos centrales que hoy recibe el operador. En este caso el plazo de la concesión puede ser mucho mayor, le permite cotizar entre los distintos proveedores y negociar mejores precios y formas de financiamiento.

En Chile ya opera algo similar con el Merval en Valparaíso.

¿Qué le puede decir a la industria que había proyectado una venta importante de buses?

Yo creo que la forma correcta de interpretar es un desfase temporal, porque los buses se van licitar igual y serán necesarios.  La modalidad cambia, pero los fabricantes van a vender el mismo número. Eso no va a cambiar.

Probablemente se lo van a vender otra entidad, no a lo propios operadores, pero la capacidad de transporte se tiene que mantener y no hay duda de la cantidad de buses.

Llegará una parte en 2018 y otra el próximo año, pero hay una unidad que tiene que renovar por contrato este año del orden de 600 buses y probablemente el sistema se asegure 700 buses más durante el 2018 y la diferencia que estaba prevista de la licitación esté en el primer semestre del próximo año.

¿No teme que le digan Ministra del TranSantiago como le ocurrió a sus predecesores?

En la medida que resuelva los problemas del TranSantiago seré la ministra del Transporte Público Regional. Me encantaría estar dedicada a eso, a los temas de puertos y logística, transporte de carga, redes ferroviarias…hay tanto que hacer en transporte y telecomunicaciones.

Sí me gustaría que se perciba al ministerio como preocupado de todos los sectores de transporte y en la medida que se logre normalizar la operación del TranSantiago y sacarla de este estado de permanente inestabilidad, lo administraremos como un sistema normal.

Yo creo que si logramos demostrar al menos en un corredor importante esta nueva forma de funcionar, el sistema puede evolucionar hacia ese modelo con la gradualidad que sea necesaria.

¿Y las regiones deberán esperar?

Sus problemas no son menores al TranSantiago. Están un poco mejor gestionados porque los sistema tienen una estabilidad, pero si bien tienen dificultades de transporte en menor escala, son de la misma intensidad que en Santiago y no solo de transporte público, también en los accesos, el tránsito de camiones, conexión con los aeropuertos.  

Hay mucho que hacer en regiones, con opciones de teleféricos, tranvías y la aplicación de nuevas tecnologías. Y tampoco es que tenga mucha holgura de tiempo.

Hablando de nuevas tecnologías, ¿cómo las acercamos a los transportistas para equilibrar la cancha?

El acceso es cada vez más posible porque los precios han ido bajando de manera que no es un tema de costo. Tal vez el Estado podría poner incentivos a la renovación tecnológica.

Es tanto el salto de avances tecnológicos que si no tomamos medidas ahora va a aumentar la brecha y nos vamos a quedar atrás. Uno ve los índices de desempeño logístico y hay un rezago de inversión, infraestructura y también en tecnología.

Para los buses que no son del transporte público y los camiones el camino puede estar en la asociatividad. Que  grupos organizados puedan plantear sus proyectos de desarrollo que incorporen tecnología es más viable, porque uno a uno es muy difícil por el costo y porque lo ideal es que éstas tecnologías tengan plataforma integradas que sirvan a grupos más grandes.

Hay generaciones que se sienten más cómodas con lo que conocen y es legítimo, pero el Estado debe asegurar la subida de conocimiento y de gestión con tecnología. Probablemente podemos discutirlo con el Ministerio de Economía, porque el rezago se traduce en menor crecimiento.

También la tecnología ha ayudado a reducir accidentes, pero el factor humano continúa siendo determinante ¿Es un tema que le preocupa?

La evidencia muestra que la mayoría de los accidentes ocurre por un error humano, pero es más amplio que eso. Encuentro inexplicable la cantidad de gente que se niega a usar el cinturón de seguridad en los buses interurbanos cuando es tanta la evidencia sobre la diferencia en la gravedad de los accidentes cuando las personas van con o sin cinturón.

El llamado no es solo a la prudencia de los conductores, que es lógica y se debe seguir fiscalizando intensamente, sino que además a las personas; muchas decisiones mal tomadas generan accidentes desde los vehículos particulares.

Está la campaña “Visión 0” que apoya la ONU en la que se nos ha pedido tomar liderazgo en la región para promover la seguridad vial.  En mayo hay una reunión en Alemania del International Transport Fórum y el tema del año es seguridad vial, es lo que está movilizando la planificación del mundo.

Multimodalidad

Por ahí dijo que quería un transporte con más rieles y menos ruedas ¿Eso puede complicar al transporte de carga y pasajeros?

Los países según su nivel de ingreso resuelven el transporte publico con distintas tecnologías.  Si es más bajo, con buses, y cuando crece puede ir a sistemas como metros o tranvías sobre rieles y eso tiene que ver con la posibilidad de predecir el tiempo de viaje. Santiago sobre rieles está pensado en una red de  metro aumentada y con los buses como complemento. En regiones también se puede dar donde existan ejes masivos de transporte público.

Eso sí, soy una defensora de la multimodalidad. Distintos tipos de carga necesitan distintas soluciones. Pero no toda las cargas que se transportan por camión ahora van a ser más eficientes en tren. Debe existir un equilibrio y los camiones son poderoso en todos los países independiente de las buenas redes de trenes que existen en Europa o Norteamérica.

¿Por qué hay una percepción en la gente de que el transporte no funciona? Esta mal el TranSantiago, hay movilizaciones por el cobro del Tag, las carreteras colapsan en fechas críticas.

Tiene una explicación hasta matemática y que responde al valor del tiempo de viaje y en la medida que el país es más desarrollado el valor de ese tiempo es mayor. Y por esos apuntamos a una red de metro donde la gente pueda movilizarse en un modo que tiene un tiempo predecible.

Puedes seguir circulando por las calles en las condiciones actuales,  pero también asumir que cada auto que sale produce un costo y no solo a su propio viajero sino también a todo el sistema.

Por eso concentrar los viajes en transporte público es tan importante. En la medida que el país crece, las ciudades se hacen más densas y el espacio vial es un recurso más escaso.

Quienes van usar ese espacio tienen que pagar y con eso se reduce la congestión y se da el espacio a los modos que tienen impacto productivo como el transporte de carga.

En ese sentido la tecnología nos debería ayudar a una mejor gestión de los espacios.